1 mes en Nueva Zelanda. Día 4. Cathedral Cove en la península de Coromandel. Nueva Zelanda / Oceania

El lejano norte neozelandés, el fin del mundo de los maorís, una península en los límites de la isla norte antes de caer al abismal océano. Nunca hubiéramos imaginado, ni en nuestros mejores sueños, que nuestra andanzas por Nueva Zelanda iba a comenzar tan fuerte.

selvas de nueva zelandaHabíamos sentido el hechizo de la naturaleza al cobijo de los bosques de kauris, de las salvajes selvas subptropicales. Habíamos viajado lo más al norte posible, hasta el último cabo en tierra firme, hasta el faro donde la rotatoria luz despide a los navíos en la inmensidad.  Habíamos casi planeado sobre un desierto de arena fina bajo un vendaval que nos abrasaba el cuerpo y la cara. Y esto no había hecho más que comenzar.

El camino hacia Coromandel

Largo camino nos separaba de la península de Coromandel, la zona más oriental de la isla de los Kiwis. Kilómetros de asfalto y líneas discontinuas reptando entre prados y bosques, entre mares y montañas en el viaje más importante de nuestras vidas.

iglesia nueva zelandaUnos 600 km nos separaban de nuestro destino por lo que lo mejor que podíamos hacer era tomarlo con tranquilidad. La primera mitad de viaje la hicimos el mismo día de las dunas de Te Paki por la tarde, como aún era pronto lo mejor era empezar a deshacer el camino y llegar hasta donde pudiésemos. Recorrimos un montón de trayecto hasta que se hizo de noche y finalmente encontramos un lugar para pasar descansar.

auckland furgoneta nueva zelandaDespertamos a pocos kilómetros de Auckland, el paisaje empezaba a cambiar de forma radical. Nuestra campiña verde y nuestros bosques dejaban paso al asfalto y al hormigón, aparecieron las primeras autopistas, aquí fue cuando nos dimos cuenta de que el país era mucho más desarrollado de lo que nos habíamos imaginado en un principio.

autopistas nueva zelandaA pesar de que Auckland no es la capital de Nueva Zelanda, si que es y por mucho, la más grande y la más habitada. Auckland tiene una población de 1 millón y medio de habitantes y podría ser cualquier ciudad de tamaño medio norteamericana.

En esta ciudad encontraréis de todo, nosotros la pasamos de largo al principio del viaje porque íbamos a pasar tres días aquí a nuestra vuelta de Nueva Caledonia. La ciudad nos encantó, es la mejor de todo Nueva Zelanda y la que más cosas para hacer y visitar tiene. Os hablaremos de ella al final de nuestro viaje.

skyline auckland nueva zelandaUna vez atravesado el caos de la gran ciudad, las autopistas pronto volvieron a desaparecer. Un apunte importante: las autopistas son de pago en Nueva Zelanda pero no hay cabinas de pago, se hace todo de manera electrónica a través de una web con vuestra matrícula. Esto también lo comentaremos un poco más adelante en nuestro post recopilatorio de itinerario, consejos y preparación de viaje.

La península de Coromandel

Una vez alejados de la metropolis, todo volvío a la normalidad a la que nos habíamos acostumbrado; el tráfico se fue diluyendo y regresamos a las carrrteras de dos sentidos. Poco a poco el verde, las montañas, los bosques selváticos y la paz volvían a nuestras retinas.

carretera peninsula coromandel nueva zelandaLa carretera 25A nos llevaba hacia Coromandel y nos tenía reservada una enorme sorpresa. A los pocos kilómetros de haber entrado en la península, nuestro camino zigzagueaba de nuevo, comenzaba a ascender rápidamente y a nuestro alrededor crecía salvaje la selva y los bosques que habíamos dejado atrás.

Eran como los bosques de nuestros kauiris, Waipoua no era una selva aislada en un punto remoto de Nueva Zelanda que sobrevivía a duras penas al avance imparable de la civilización. Crecía aquí también, y más al sur, estaba por todas partes. No llegamos a encontrar ningún Kauri más en esta zona pero apostamos a que seguro parte algún sendero hacia lo más profundo de estos bosques donde los kauris crecen solos.

carreteras nueva zelanda

El sendero a Cathedral Cove

A media tarde llegamos a Cathedral Cove, un pequeño parking y unos miradores daban fin a la carretera y comienzo al sendero que nos llevaría hasta la playa. El cielo gris que nos había acompañado desde el momento que pusimos nuestros pies en las antípodas empezaba a abrirse, el cielo azul tras las nubes comenzaba a brillar mientras el sol bañaba nuestra piel, aquí es Primavera, recordamos. 

Habíamos dejado atrás el comienzo del Otoño y nos habíamos saltado todo el invierno para pasar directamente al buen tiempo de la Primavera, este año no conoceríamos el Otoño en España.

bahia de hahei nueva zelanda

El buen tiempo había terminado con nuestro cansancio, en manga y pantalón corto comenzamos con una gran sonrisa en la cara a recorrer el sendero que llevaba hasta la playa. Un sendero de tablones de madera y barandillas que nos llevaría sobre la ladera de una mullida montaña con vegetación que caía hasta el agua.

costa peninsula coromandel nueva zelandaLa luz del sol hacía que los colores se volvieran tan intensos que aún hacían el paisaje mucho más maravilloso, un verde esmeralda que recorría los acantilados hasta caer al mar, lugar donde se encontraba con el azul intenso del Pacífico, un Pacífico infinito que hacia honor a su nombre en un remanso de paz.

camino cathedral cove nueva zelandaToda clase de árboles y plantas iban marcando el contorno del camino a seguir, algunas bastantes familiares que nos recordaban a algunos lugares de la costa española, otras totalmente desconocidas nos llenaban de curiosidad. Caminábamos mirando con sorpresa todo lo que había a nuestro alrededor como lo hace un niño cuando descubre el mundo que le rodea. Este país en increíble,no dejábamos de comentar.

chica coromandel nueva zelandaLlevábamos ya un rato andando cuando vimos el primer panel informativo, una media hora hasta nuestro destino. No es algo que se ve en cinco minutos. El camino es muy sencillo y está pensado para que todo el mundo pueda recorrerlo sin ningún problema.

camino costa coromandel nueva zelandaJunto a este lugar de ensueño, donde la naturaleza cobra vida mostrando todo su poderío, también hay un lugar para los que ya no están. Un recuerdo a aquellos que lucharon por un mundo libre en la I Guerra Mundial y que perecieron.

memorial i guerra mundial coromandel nueva zelandaVarios centenares de árboles nativos se han plantado en este memorial en honor a los 2779 soldados caídos en la batalla de Galípoli en Turquía; si queréis poder hacer un donativo que servirá para cuidar un árbol en cualquiera de los distintos Memorial Parks y serán estudiantes quienes se encarguen de ello.

parques de nueva zelandaAl cruzar los campos donde se encuentra el parque habremos llegado a una zona donde los acantilados se hacen cada vez más evidentes, la línea de costa se va volviendo más abrupta y un paisaje mucho más rocoso hace aparición. Es un lugar extraño a nuestros ojos, los árboles vuelven a ser completos desconocidos, la vegetación singular abandona las lisas alfombras de hierba para convertirse en matorrales hoscos que crecen por todas partes.

chica arbol nueva zelandaMiramos al horizonte y nos damos cuenta que el cielo se está poco a poco volviendo a encapotar, parece que hemos llegado a una isla en el fin del mundo, un lugar desolado y salvaje jamás pisado por el hombre, parece que no somos bien recibidos, el cielo negro nos amenaza con tormenta y toda la luz a nuestro alrededor se va apagando.

La Cueva Catedral de la bahía de Hei

No nos queda otra que acelerar la marcha si queremos ver la playa con luz, el cielo cada vez está más negro y si nos demoramos demasiado nos vamos a perder las turquesas aguas de Cathedral Cove.

playa cathedral cove nueva zelandaAl fin llegamos hasta la estrecha senda que nos baja hasta la playa, al llegar a la arena nos descalzamos, queremos sentir los finos gránulos entre los dedos de nuestros pies, el frescor de la tierra. Las ramas de los árboles nos tapan las vistas, avanzamos y poco a poco la imagen va siendo más clara, estábamos en Cathedral Cove, una de las mejores playas de toda Nueva Zelanda.

acantilados cathedral cove nueva zelandaAcantilados de roca blanca y gris colmados de árboles y arbustos desde abajo hasta arriba, una espesura indómita, creciendo densa y agreste cubriendo todo lo que encuentra. A nuestros pies la arena blanca y fina llega hasta el agua, un agua que con la pleamar inunda todo a su paso dejando esta ensenada en una ridícula línea de arena.

cueva cathedral cove nueva zelandaEn este rincón de la península de Coromandel la naturaleza quiso ser caprichosa, moldeó a antojo el relieve de toda la costa. Las subidas y bajadas de marea, los intensos vendavales y la fuerza de un océano enfurecido esculpió desde el principio de los tiempos este lugar con absoluta extravagancia.

Una gran cueva, la Cueva Catedral, comunica de manera insólita esta cala con la de al lado creando un inaudito paso digno de admirar.

playa cueva cathedral voce nueva zelandaCathedral Cove es lugar de inspiración, un lugar pintoresco y cinematográfico que ha servido de escenario en películas de fantasía, y no es para menos. Este pasadizo fue llevado a la gran pantalla como puerta a otro mundo, a un mundo mejor donde la fantasía y lo imposible cobran vida en las Crónicas de Narnia: el príncipe Caspian. Un arco de piedra sobre la lisa arena que en ciertos momentos del día impiden el paso inundándose por las crecidas abre paso a la playa vecina que sin duda es casi igual de espectacular.

cathedral cove peninsula coromandel nueva zelandaQueríamos ver la playa bajo la iluminadora luz del sol, pero bajo el cielo gris y con un mar cada vez más desafiante fue incluso mucho mejor. Es un sitio remoto, venerado por los maorís desde que llegaron navegando a las costas neozelandesas. 

Te Whanganui-A-Hei fue el nombre maorí originario de esta bahía, significa la gran bahía de Hei y era el lugar donde, según la tradición el gran sabio Tohunga estableció el hogar de su tribu.

islote cathedral cove nueva zelanda

La cascada de Cathedral Cove

Pero Cathedral Cove es mucho más, volvemos a entrar por el túnel y de vuelta en la playa del principio nos dirigimos hacia su extremo sur. Un gran muro de piedra delimita el final de la playa, un muro alto cual coloso con una enorme corona de árboles y raíces que se inclinan tanto hacia abajo que parece que vayan a perder el equilibrio. No podemos ni entender como puede crecer tan exuberante vegetación en la estéril y fría roca.

playas selvaticas nueva zelandaEntre los enrollados nudos de sus raíces un torrente se precipita hasta la arena, una pequeña cascada de agua transparente y fresca cae hasta la playa pintando la blanca piedra en negra en un rincón que parece propio del amazonas.

No dejan de sorprendernos las cascadas que caen al mar o a las playas, no fue hasta que viajamos a Escocia cuando vimos algo parecido y quedamos totalmente desconcertados. En Alicante, de donde somos, no existe nada ni remotamente parecido pese a tener algunas de las calas más bonitas del país. Pero es que en Nueva Zelanda, y como ya vais viendo si nos leéis desde nuestra llegada, todo es a lo grande. Aquí la naturaleza no fue discreta a la hora de crear estas islas donde literalmente dejó volar la imaginación.

cascada cathedral cove nueva zelandaJunto a la cascada, unos  grandes árboles que bien parecen traídos directamente de las selvas de sudamérica forman un recoveco casi sobrenatural, un escondrijo para seres del bosque que cantan y bailan por las retorcidas ramas y raíces de unos árboles fantasmagóricos.

bosque cathedral cove nueva zelandaAl atardecer, cuando los humanos vuelven a las ciudades, estos rincones mágicos que quedan en las más absoluta soledad se llenan de vida con animales de todos los tipos y de todas las realidades en un festín que ni siquiera las leyendas más absurdas son capaces de contar.

arboles cathedral cove nueva zelandaCaía el sol ya tras los acantilados en su viaje hacia occidente, aquí en las tierras más al este el día llegaba a su fin y era momento de regresar. Ese día ya no haríamos más kilómetros, por la mañana aún nos quedaba otro de los lugares más famosos de la península de Coromandel, Hot Water Beach.

Esta noche tocaba buscar camping; la noche anterior dormimos a nuestro aire y necesitábamos recargar baterías, agua, vaciar el WC… Encontramos un camping que estaba fenomenal junto a la playa en el pueblo de Hahei, el Hahei Holiday Resort. Casi estábamos solos en todo el camping y teníamos el pueblo al lado por si queríamos ir a comprar.

banco mejores vistas nueva zelandaAunque os vayamos hablando brevemene sobre los lugares donde dormimos y todo eso no os preocupéis, porque estamos preparando un súper post recopilatorio de Itinerario, consejos, alquiler de camper, donde alojarse y un largo etc. ¡Nos vemos en el siguiente post!

 

 

 

 

 

 

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