Bardenas reales de Navarra, un desierto en la España verde. España / Navarra

Pocos se imaginarían que una ruta por tierras navarras comenzaría en un desierto, y menos aún si decimos que este desierto se encuentra en pleno valle del Ebro. Un desierto en plena España verde y por donde pasa el río más caudaloso de toda la península, ¿cómo puede ser esto?

Al parecer, hace ya bastantes siglos, esta zona desértica de Navarra estaba poblada de verdes bosques donde los reyes navarros montaban sus monterías, de ahí lo de reales. Desde entonces ha sido un lugar para la trashumancia con rebaños de ovejas provenientes del Pirineo, en sus mejores momentos se podrían juntar en las Bardenas varios cientos de miles de ovejas.

Pero el paisaje de las Bardenas no ha cambiado solo en los últimos mil años, hacia 18 millones de años esto eran tierras pantanosas parecidas a los actuales lagos africanos. Se han encontrado restos fósiles de huevos de cocodrilos y tortugas e incluso de castores lo que indica que efectivamente aquí había grandes bosques. Las Bardenas reales son un tesoro que nos cuenta como era nuestro territorio hace muchos millones de años, de hecho aquí se ha encontrado el nido fósil de un ser alado que es el más antiguo del mundo hasta la fecha.

En este lugar que parece de otro mundo comenzó nuestra andanza navarra, un viaje de 5 días que nos llevaría desde las áridas mesetas de las Bardenas hasta las verdes montañas pirenaicas. Un camino largo nos separaba del antiguo reino de Navarra, un camino que aunque estamos muy acostumbrados a recorrer no deja de ser largo y monótono.

Noche en las Bardenas reales

De camino, ya sabíamos que llegaríamos de noche, decidimos que sería una buena idea hacer una parada en el centro comercial de Zaragoza que siempre visitamos, el Puerto de Venecia. Descansados, distraídos y cenados los últimos kilómetros hasta el lugar donde haríamos noche no eran más que un paseo. Este fue un viaje en furgoneta, un viaje con nuestros perros, un viaje de los que más nos gustan. La idea era pasar la primera noche en el mirador de las Bardenas junto a la ermita de la Virgen del Yugo en pleno parque natural.

Llegamos en noche cerrada, bajo una densa capa de niebla y en la más absoluta soledad. Ni siquiera sabíamos si estábamos en el lugar correcto hasta que empezamos a ver campers y caravanas aparcadas. Desde la ermita sale un camino de tierra a mano derecha que es donde todo el mundo pasa la noche, nosotros lo seguimos hasta el final y pasamos la noche a solas.

Las Bardenas reales

Fue la claridad lo que nos despertó, por las ventanas no veíamos el sol, ni las montañas ni nada, seguíamos bajo esa espesa niebla que todo lo rodeaba y que hacía imposible saber siquiera donde nos encontrábamos. Pues si que empezábamos bien, se suponía que íbamos a despertar con unas fabulosas vistas del desierto desde este mirador y no veíamos más de dos metros en adelante.

Nos vestimos, nos abrigamos bien y después de comer un par de galletas nos pusimos en marcha hacía ese lugar que tantas veces habíamos visto en fotografías pero que no nos acabábamos de creer. ¿cómo va a haber un desierto en el norte? Como mucho será una zona más o menos seca, ¡que exagerados que son!

Bajando por los caminos hacia la meseta central del parque fue cuando nos encontramos con la realidad.

Un paisaje de otro mundo, muchos hablan de un paisaje lunar, a mí no me lo parece, yo diría que es un paisaje bastante más lejano, un paisaje en el que todos pensaríamos cuando nos imaginamos nuestro planeta hermano, el Planeta Rojo. Extensas planicies, ramblas secas, montañas completamente rojas… un paisaje verdaderamente exótico, un paisaje de Marte.

El atractivo de poner los pies en el polvoriento planeta vecino es algo con lo que de momento solo podemos soñar, viajar a Marte es algo tan atractivo como inalcanzable para el ser humano. Aunque en estos momentos ante la incredulidad de toda la humanidad hay un Tesla Roadster descapotable con un maniquí con traje de astronauta viajando por el espacio hacia allí. Y es que sin darnos cuenta, la tecnología avanza de manera exponencial.

Hasta que llegue el día en el que podamos realizar la odisea de viajar seis meses hasta la esfera de tonos ocres y cobrizos, nos quedaremos mucho más cerca de casa, en un desierto que nada tiene que envidiar al de Arizona. Y es que realmente parece como si hubiéramos hecho una maqueta a pequeña escala del desierto más famoso del Oeste Americano.

Los tonos de las Bardenas cambian a lo largo del año pasando de un color blanco y polvoriento en los meses más cálidos hasta un verde intenso con la llegada de la Primavera. Un paisaje de areniscas, yesos y arcillas moldean este valle creando las más inverosímiles formas geológicas con cerros que ascienden en mitad de la llanura hasta los 600 metros y con depresiones y grietas que se hunden en la corteza terrestre hasta casi los 200 metros.

Castildetierra

Nuestra ruta hacia el estandarte de las Bardenas era complicada de seguir por caminos que se dispersaban en todas direcciones en medio de una abismal llanura. Además, por lo visto los últimos días había estado lloviendo y algunos de los caminos eran casi impracticables corriendo el riesgo de quedar atrapado. De hecho nos llevamos algún susto.

Izquierda, derecha, marcha atrás y vuelta a empezar… era tan divertido como tedioso y Mr Google no ayudaba demasiado. Finalmente aparecimos en lo que parecía un camino de tierra más ancho que siguiéndolo nos llevo hasta Castildetierra.

A lo lejos, perdido en mitad de la llanura y asomando por encima de algún que otro pequeño cerro crecía aislado el gran cabezo de las Bardenas reales, un enorme pináculo de roca y tierra en delicado equilibrio que cuando lo ves por primera vez impresiona de tal manera que no entiendes como ha podido aparecer ahí.

Nunca hubiéramos imaginado que se elevaría hasta tal altura, lo habíamos visto una y otra vez en fotografías, pero estas no le hacían ninguna justicia. Hace millones de años, como comentábamos más arriba, todo esto eran grandes pantanos, grandes balsas de agua y fango que un día, tras abrirse una apertura, desembocaron en el Mediterráneo. Las partes más altas de los pináculos están formadas por materiales mucho más resistentes a la erosión que el resto que son más de tipo arcilloso.

Desde entonces, las Bardenas han sido moldeadas por el agua y el cierzo, viento del norte, durante millones de años hasta dejarnos un paisaje tan espectacular como el que podemos disfrutar hoy en día. Sin embargo, esto tiene fecha de caducidad y los grandes cabezos del parque están condenados a desaparecer.

Junto a Castildetierra hay un aparcamiento donde podéis dejar el coche y pasear tranquilamente por los alrededores, sin embargo no podéis subir ni acercaros ya que es un monumento protegido y que además tiene alto riesgo de derrumbe, el cabezo puede pesar varios miles de kilos así que imaginar si os cae encima…

Las Bardenas son el hogar de varios tipo de aves rapaces como el halcón peregrino, el buitre leonado o el águila calzada.

Las Bardenas son Reserva Natural de la Biosfera por su singular paisaje y está protegido. Sin embargo dentro del Parque Natural existe una zona de exclusión que pertenece al Ejército del Aire donde hay un campo de tiro para los cazas militares.

Y es que este lugar ha sido codiciado por muchos desde tiempos inmemoriales por su singular orografía. Durante la Edad Media y casi hasta nuestros días, las Bardenas eran un lugar aislado, deshabitado, inhóspito y desértico que servía de frontera entre los reinos cristianos de la Marca Hispánica y los reinos musulmanes.

Los bandoleros vagaban a sus anchas a lo largo y ancho de esta zona entre Navarra y Aragón, el más famoso y el más buscado Sancho Rota, Sanchicorrota. Fue un temido malechor conocido como el rey de las Bardenas, jefe de una banda de al menos treinta bandoleros. Sanchicorrota se las ingeniaba para despistar a la guardia del rey llegando incluso a colocar las herraduras de su caballo al revés para que no lo encontraran.

Finalmente, hartos del pillaje y las escaramuzas, Juan II organizó un ejército de 200 caballeros que salieron en su búsqueda sitiandolo cerca de su guarida. Sanchicorrota se clavó un puñal antes de ser apresado y murió. Su cuerpo fue colgada en plaza pública y su cuerpo expuesto en todos los pueblos de los alrededores durante días. Pero este no fue el único malechor de estas tierras, hubo otros casos de asalto a diligencias, bandas de gitanos o el caso del bandido Moneos que robo un cargamento de merluzas, le encontraron por el olor a pescado.

Una breve visita a las Bardenas que sin duda nos dejó con ganas de más, espero que no tardemos en volver y podamos explorar esta zona mucho más a fondo. Nuestro camino continuaba rumbo al norte hacia el pueblo de Ochagavia, lugar donde comenzaba nuestra empresa pirenaica.

 

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