11 días en Nueva York. Día 3. Empire State, Grand Central, edificio Chrysler, ONU, Rockefeller Center y Top of the Rock. America / Estados Unidos / Nueva York

Nuestro tercer día en la Gran Manzana volvía a comenzar bien temprano, entre el cambio de hora y la emoción de salir a la calle, a penas salía el sol ya estábamos bajando a buscar el desayuno.

En el Hotel en el que nos alojamos no estaba incluído, algo bastante difícil de concebir hoy día. Nos querían colar un desayuno de un zumo por 7 $ por persona. Al igual que hicimos el día anterior fuimos calle arriba unos 20 metros hasta una cafetería, el 810 Deli & Café, en la cual se comía estupendamente, con buen café y donde hablaban español.

Lo primero era recoger nuestro New York Pass, la tarjeta para turistas con la que se supone que tienes acceso gratuito, descuentos y muchas otras ventajas en la gran mayoría de las atracciones de Nueva York. Bueno esto es una verdad a medias, y a lo largo de los días iremos viendo si merecía la pena realmente o no… La reserva del New York Pass la podéis hacer online aquí  y una vez tengáis la confirmación habrá que ir hasta un punto de recogida como los que aparecen a continuación. Lo mejor es que hagáis la reserva una semana antes desde casa.

Es mejor ir temprano ya que conforme la mañana avance se irá llenando más y más hasta tener que esperar más de 1 hora. Es importante que llevéis toda la documentación, confirmación y pasaporte para poder validar.

Empire State Building

Una vez conseguimos nuestras tarjetas comenzaba nuestra ruta por los lugares más emblemáticos del Midtown. El día iba de lugares icónicos de principios de siglo y entre todos ellos, como no podía ser de otra manera, el Empire State es el gran símbolo del poderío norteamericano de la época. Es muy fácil llegar hasta el Empire desde Times Square, es otra de las ventajas de habernos alojado aquí. Podéis subir andando que se tarda aproximadamente unos 20 minutos o coger el Metro en la 50 st y bajar en Penn Station con el 1 o con el 2.

Recordad que moverse por Manhattan es muy sencillo, 12 avenidas de norte a sur cruzadas por calles que van desde la 1 hasta más de la 160 ya en Harlem. Cualquier lugar que deseemos visitar siempre tendrá una dirección tal como la 46 st con la 7th, como es el caso de Times Square.

El Empire State ha sido durante buena parte del siglo XX símbolo del poder económico de los Estados Unidos y de Occidente. Se comenzó a construir en 1930 y en apenas 1 año se inauguró, más de 3000 trabajadores a un ritmo de 4 plantas por semana batieron todas las expectativas y, todo esto cuando el país se encontrada sumido en la Gran Depresión del Crack del 29. Quedaba así pues, inaugurado el que iba a ser el edificio más alto, con sus 432 m, de América y del Mundo durante bastante tiempo dejando atrás al edificio Chrysler. El Empire ha sido todo un icono en el siglo XX, a todos nos viene a la cabeza las imágenes de King Kong escalando por su fachada e intentando derribar los aviones que le atacan.

Es un edificio vivo y con mucha historia, durante su construcción 5 trabajadores perdieron la vida, uno de ellos se suicidó al ser despedido. En 1945 un bombardero sobrevolaba la ciudad bajo una densa niebla con tan mala suerte que chocó entre los pisos 79 y 80 provocando que uno de sus motores atravesara el edificio de punta a punta y el otro cayera por el hueco del ascensor, en total hubo 12 víctimas mortales.

Después de casi una hora de cola en la calle, aquí encontramos el primer fallo del NY Pass con el que no tienes prioridad de entrada sino que simplemente es como si ya tuvieras los tickets comprados y tienes que esperar para entrar, conseguimos después de una hora entrar dentro del lujoso hall del Empire. Se trata de un edificio art decó que no puede dejar a nadie indiferente, la ostentación de sus murales y sus suelos es portentosa donde encontramos representadas las 7 maravillas del mundo antiguo y donde además aparece una octava maravilla que es el Empire.

Dentro del edificio, cuando crees que ya subes directo, te encuentras con nuevas colas y controles de seguridad que te hacen perder otra hora más, lo bueno es que podéis ir escuchando la audioguia en la que os contarán curiosidades del edificio como que es completamente eficiente en energía ayudando a reducir la huella de carbono.

Después de practicamente dos horas haciendo colas, por fin subimos en el ascensor, ascensor por llamarlo de alguna manera ya que en cuanto arranca el estómago te llega a los pies con su escalofriante velocidad de 80 plantas cada 45 segundos. Conforme abrimos la puerta para salir al exterior una enorme corriente de aire gélido nos estremeció, aquí arriba las corrientes de aire son muy fuertes y el frío puede hacer que la visita sea más corta de lo que esperabas, por eso cuando subáis debéis ir debidamente abrigados.

Una pequeña reja de metal nos separa de la inmensidad, una pequeña línea entre la vida y la muerte. La sensación de vértigo te puede, es casi como una altura irreal donde los grandes edificios de la Gran Manzana parecen de juguete. Uno intenta mirar hacia abajo preguntándose cuánto se tardaría en llegar hasta el suelo si cayese, no quiero ni imaginar la sensación de volar durante varios segundos pero sabiendo a la vez que tu vida ha terminado.

Este ha sido escenario de muchos saltos, a lo largo de su historia más de 30 personas se han suicidado entre ellas, “el salto más bello de la historia” Evelyn McHale se lanzó al vacío, un estudiante de fotografía tomo la instantánea del cuerpo de la joven sobre el techo de un coche aparcado con gesto sereno y la mano sujetando su collar. Otro de los más sondados casos fue el de Evita Adamas que saltó desde el mirador de la planta 86 y una fuerte ráfaga de viento la devolvió a la planta 85 provocándole una rotura de pelvis, está claro que ese no era su día.

Nuestra recomendación es que la visita al Empire State se haga de día con cielo despejado para así poder disfrutar de unas increíbles vistas de todo Manhattan y sobre todo del inconfundible edificio Chrysler. En cambio la visita al Top of The Rock en el Rockefeller Centre se hará de noche para ver el Empire iluminado y disfrutar de una hermosa postal nocturna de la ciudad.

Grand Central Terminal

La visita al Empire era una de nuestras grandes ilusiones de este viaje, el haberlo visto en innumerables postales, series y películas lo hacía tan familiar que parecía que casi vivíamos en la cera de enfrente. Y esta es la sensación general del viaje, todo es nuevo pero a la vez todo es conocido, nos hemos criado entre estas calles de alguna manera.

De nuevo en tierra firme nos dirigimos hacia la que probablemente sea la estación de tren más famosa del mundo y la que cuenta con mayor número de andenes. La estación se encuentra en la 42 st con Park Avenue y en el año 2013 fue su primer centenario.

Es otro de esos lugares que se ha visto en la gran pantalla en incontables ocasiones en películas como Con la muerte en los talones, soy leyenda, los vengadores, el Rey Pescador… y un largo etcétera; y no es por capricho, si no que en realidad se trata de una auténtica joya de la arquitectura clásica  de la época y que hacen de esta estación de tren uno de los edificios más hermosos de Nueva York.

La estación por dentro deja literalmente sin respiración al que la contempla, es como caminar por el interior de una gran pirámide bajo una enorme bóveda de color verdoso que representa todas las constelaciones del cielo, desde acuario a cáncer. Como curiosidad os diré que el cielo está al revés, así no es como las vemos nosotros desde la Tierra si no que más bien así es como lo vería Dios desde el cielo.

En el sótano de la estación nos llevamos una sorpresa, esperábamos encontrar los sucios andenes, las vias llenas de polvo y grasa y los azulejos ennegrecidos de cualquier estación… pero no, abajo encontramos toda una sala enorme llena de restaurantes de todo el mundo. El más famoso de todos es el Oyster Bar que además es uno de los más antiguos de toda la ciudad.

Como veis, nos encontramos en uno de los puntos más importantes de toda la ciudad, uno de los más bonitos y sobre todo uno de los más transitados. En sus inicios recibió un montón de críticas por su desproporcionado tamaño pero ha resultado ser poco para los más de 80 millones de viajeros que lo cruzan todos los años.

Edificio Chrysler

Desde Grand Central, y después de haber comido algo de comida india en el Grand Central Market, regresamos a las calles de Manhattan en busca del que es, sin duda ninguna, el rascacielos más bonito del mundo.

Cogemos nuestra máquina del tiempo y viajamos hacia atrás hasta los felices años 20, una época de prosperidad y de abundancia. Era la época de los grandes avances tecnológicos, la época en la que cualquiera podía acceder al más exacerbado consumismo y agenciarse un gran coche o cualquier tipo de moderno electrodoméstico.

En esta época de gran pujanza económica, los grandes magnates de las mayores compañías del país se peleaban por ver quien era más excéntrico. Así surgieron los grandes rascacielos neoyorquinos en un alarde de extrafalariedad. Entre ellos, el más hermoso jamás construido y el que fue durante un tiempo muy corto el más alto del mundo. Su diseño fue llevado a cabo por William Van Allen al más puro estilo modernista.

Aunque este edificio no se puede visitar, si que es posible entrar en su vestíbulo y fascinarse con las enormes losas de mármol rojo africano o admirar su decoración de estilo industrial y la influencia del antiguo Egipto en la decoración de sus ascensores. Sin duda es el edificio más espectacular que hayamos visto jamás, su corona y aguja es lo que lo hacen realmente impresionante con esos 7 arcos concéntricos cada uno más pequeño y alto que el anterior llenos de pequeñas ventanitas triangulares.

Otra de las cosas que caracterizan el edificio Chrysler son sus gárgolas, las cuales en vez de ser extraños animales mitológicos son flamantes águilas calvas en honor al escudo de los Estados Unidos y que también llevaban los antiguos Chrysler en el capó. Estas águilas aparecen también en un montón de películas como Spiderman, Men in Black 3 o Gotham. Como véis, cada edificio de la Gran Manzana tiene una fabulosa historia detrás.

P.D. Hay una forma de visitar el edificio por dentro, hay una consulta de un dentista en la planta 62 que por un módico precio (ironía on) os hará una limpieza bucal mientras contempláis las mejores vista de la ciudad.

Daily News Building, el periódico de Superman

Después de visitar dos de los edificios más importantes de todo Estados Unidos parecía que ya habíamos visto casi lo más importante del viaje así que era hora de frikear un poco e ir en busca de uno de los lugares más famosos de la gran pantalla, el periódico donde trabaja Clark Kent cuando oculta su identidad de Superman.

El edificio está entre Grand Central Terminal y el edificio Chrysler por lo que todo nos pilla a un tiro de piedra. Este edificio tampoco se puede visitar aunque si que se puede entrar en el vestíbulo al igual que en Chrysler.

Al cruzar el umbral de la puerta nos encontramos en un mundo que parece atrapado en el tiempo, una luz tenue y unos árboles de navidad presiden la estancia mientras en el centro de la sala un gran globo terráqueo gira lentamente.

Es la antigua sede de uno de los periódicos más importantes de America, el Daily News, albergando las imprentas del periódico de tirada nacional hasta que en los 90 trasladó su sede a otra zona de Manhattan.

La sede de la ONU

La sede de las Naciones Unidas se encuentra en la 1st Avenue junto al río East, es otro de los edificios más importantes de toda la isla ya que aquí se reúnen los representantes de todos los países miembros cada seis meses.

Cuando entras en la sede de la ONU estás fuera de territorio estadounidense por lo que se dejan de aplicar las leyes locales. La zona más chula de todas son los jardines donde hay un montón de monumentos en contra de la guerra y a favor del entendimiento entre naciones.

Si queréis hacer una visita guiada por el interior de los edificios y llegar hasta la sala de la Asamblea General lo podéis hacer por libre o buscar un tour guiado en el que os darán un montón de información. Primero hay que ir a un pequeño edificio al cruzar la calle a pedir la acreditación y con eso podréis volver y pasar los security check points correspondientes.

A nosotros no nos gustó mucho la sede en general, edificios de hace 40 años si ninguna gracia y estancias austeras y aburridas en las que no hay mucho que hacer, no como en el Parlamento Europeo de Bruselas que es una autentica pasada. 

The Trump World Tower

De vuelta hacia el centro de la isla nos encontramos justo enfrente de las Naciones Unidas un enorme edificio de cristal, The Trump World Tower. Si os estáis preguntando si lleva el nombre de Trump por el presidente twitero, la respuesta es sí. La Trump World Tower es parte de su imperio y fue construida en 1999 y finalizada en 2001.

Al principio los vecinos estaban en contra ya que su gran tamaño eclipsaría al de las Naciones Unidas. El edificio tiene 72 plantas y en la planta baja hay un restaurante fusión de comida asiática. Aquí no es donde vive el multimillonario, el vive en la torre Trump de la 5th Avenue que visitaremos en otro momento.

Rockefeller Center

Como ya estaba anocheciendo decidimos volver y empezar a hacer cola para poder subir al Top of the Rock en el Rockefeller Center. De camino al Rockefeller Center que se encuentra entre la 5th y la 6th hay un montón de lugares emblemáticos para visitar pero que hemos preferido reservar para otro post en el que nos centraremos más en toda la 5th Avenida.

El Rockefeller Plaza es un conjunto de edificios con una plaza interior famosa por albergar en invierno una de las más conocidas y más bonitas pistas de patinaje sobre hielo. Se trata de un enorme centro comercial que es de los más antiguos de todo Nueva York. Fue construido en 1939 por la prestigiosa familia Rockefeller, la familia más poderosa del mundo. Entre todos los edificios que la conforman se encuentra el Top of the Rock observation Deck que es un mirador a unos 260 metros de altura.

Cuando llegamos allí nos vimos abrumados de la ingente cantidad de personas que había, desplazarse por las anchas calles era una tarea casi imposible y nos sentimos realmente agobiados.

Empezamos a dar vueltas a un lado y a otro como pollo sin cabeza intentando descifrar por donde se subía al mirador. Atravesamos calles, nos metimos por los subterráneos donde se encuentran las tiendas, volvimos a salir a la calle… así infinidad de veces y ya a punto de renunciar. Veíamos colas por todos los lados y no sabíamos donde ponernos ya que cada cual era más larga. De nuevo, ilusos de nosotros, pensamos que con nuestro pedazo de New York Pass nos iban a abrir las puertas de par en par y recibirnos a bombo y platillo, pero iba a ser que no…

Finalmente y después de haber preguntado en un montón de sitios diferentes, que nos hubieran mandado a un lugar y a otro y vuelta a empezar, encontramos el lugar exacto, en la 50 th entre la 5th y la 6 th. Lo reconoceréis porque pone Top of the Rock observation deck (parecía lógico) y hay unas grandes cristaleras. Parecería fácil si no fuera porque justo al lado había una cola inmensa que daba la vuelta a la manzana de gente que quería visitar los estudios de la NBC, algo que se nos quedó pendiente.

Ahí se compran los tickets y es cuando te llevas la sorpresa de tu vida, no subes después de hacer una cola… te dan cita para ese día o en el peor de los casos para el siguiente. A nosotros nos dieron hora para las 22h aproximadamente por lo que teníamos más de dos horas por delante para seguir viendo cosas. Hay que planificarse bien la visita para que no nos hagan perder el tiempo, y esta es otra de las grandes razones para visitar el observatorio del Rockefeller por la noche.

En pocos lugares del mundo se vive la Navidad como en Nueva York; era una sensación indescriptible, nunca habíamos sentido nada parecido, nos sentíamos como viviendo una película de los 90 de las que echaban en Nochebuena. Las amplias avenidas atestadas de gente sonriente con niños entusiasmados estirando de las manos de sus padres, arrastrándolos de un escaparate a otro. Cientos de miles de luces brillantes y parpadeantes iluminando la fría noche como si de una lluvia de estrellas se tratase, y todo ello a la vez con una banda sonora retumbando entre las fachadas de los grandes almacenes y las tiendas más exclusivas.

Como una perfecta coreografía, un espectáculo de luces y sonidos atraían la atención de todos los viandantes, un show inigualable en medio de la 5th avenida paraba completamente el ritmo frenético de la ciudad dejando a mayores y jóvenes ojipláticos mientras un castillo iluminado de fantasía brillaba al compás del “Carol of the Bells”. Estoy viviendo Solo en Casa, me sentía como Macaulay Culkin.

El espectáculo no acababa, aquello se había convertido en todo un carrusel de luz y color que no parecía dispuesto a defraudar a su público así que decidimos seguir explorando un poco más.

Justo en el centro del Rockefeller Plaza, al descubierto, encontramos una de las pista de patinaje de hielo más famosas de todo Nueva York, The Rink at Rockefeller Center. Cuesta alrededor de unos 30 $ y podéis reservar online en esta página. 

La extraña simbología del Rockefeller

Si tratamos de huir por un momento del bullicio y nos paramos a observar todo el Rockefeller no tardaremos en darnos cuenta de su gran simbología, estatuas y efigies presiden desde los rascacielos más altos hasta la propia pista de patinaje. Junto a The Rink se encuentra Prometeo, el Titán hijo de Atlas que robó el fuego sagrado del Olimpo para dárselo a los hombres.

Por otro lado encontramos al propio Atlas, fundador de la Atlántida, castigado por Zeus a llevar la carga del cielo sobre sus hombros durante toda la eternidad. Son mitos y leyendas de la Antigua Grecia, mitos que en parte están muy ligados con España; y es que según la leyenda, Hércules viajó a la península ibérica y robó la fruta sagrada a las hijas de Atlas, las Hespérides, poniendo fin al reino de los titanes. La gran mayoría de los estudiosos coinciden que ese reino de los atlantes no era otro que el de los tartesos, los antiguos habitantes del suroeste de Andalucía cuyo imperio finalizó en la misma época que el de la Atlántida según las escrituras.

Top of the Rock

Después de esta pequeña reseña a nuestros mitos más antiguos, para que veáis que nada tienen que envidiar a los sobrevalorados mitos nórdicos, llegó la hora de subir al Top of the Rock. El Top of the Rock es uno de los miradores más impresionantes de todo Nueva York. Quizás recordéis una famosa foto en blanco y negro de unos trabajadores almorzando sobre una viga al vacío, pues fue en la construcción de este rascacielos en 1932. La visita no se limita a subir al mirador y ya está, atravesando el lobby podréis encontrar por ejemplo una de las lámparas fabricadas con cristales de Swarovski más grandes del mundo.

Después de un corto viaje en ascensor llegamos por fin a la planta 69, las vistas son impresionantes pero, esta no es nuestra última parada, seguir subiendo y llegaréis a la planta 70 donde no hay molestas cristaleras que os impidan ver con claridad. Ahí está, el magnífico Empire State como un faro que ilumina la noche neoyorquina, el gran símbolo de América. Como curiosidad os diré que cuando España ganó el mundial de fútbol en Sudáfrica, se iluminó con los colores nacionales. Lo malo de subir al Rockefeller por la noche es que no podréis ver a vustra espalda todo Central Park, por lo que lo mejor es subir al atardecer y ver un dos por uno. Subir al Rockefeller cuesta unos 27 $ sin ningún Pass, para esto si que viene bien el NYC Pass porque te ahorras una buena pasta.

Parley Park

El día iba llegando a su fin y no podíamos quejarnos, habíamos visto un montón de cosas y la mayoría de ellas de las más importantes. Pero no podíamos volvernos al hotel sin buscar primero un último rincón, un romántico jardín a pocas calles de donde nos encontrábamos, Parley Park.

Un pequeño oasis entre la jungla de asfalto y acero de una de las ciudades más grandes del mundo. Con sus pequeños arbolitos y su cascada, si has leído bien, tiene una cascada que hace que al relajarte te olvides que te encuentras en una gran ciudad. Pero no solo eso, en Parley Park hay un pedazo de la historia más reciente de Europa, un pedazo del Muro de Berlín

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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