Viaje en furgoneta por Francia de 18 días con perros: Día 2. Ruta hasta el ibón de Anayet y puerto del Portalet. Aragon / España / Rutas / Valle de Tena y Alto Gállego

Amanecimos en Pueyo de Jaca, en un parking de caravanas a pocos metros del embalse de Búbal. Había sido una noche larga en la que habíamos descansado muy poco en nuestra primera noche de viaje durmiendo en la furgo. Las primeras horas de la noche, y a pesar de la tremenda granizada que cayó sobre las 12, hizo mucho calor; decidimos dejar la ventana trasera abierta y de madrugada nos despertó una llovizna que nos caía directamente en la cara por lo que tuvimos que cerrarla y pasar calor, en fin, muy mala noche. Por la mañana, en cambio, el tiempo cambió y dejó paso a un auténtico día de invierno. 

sallent de gallego lanuzaEste segundo día de vacaciones era el último en España, cruzaríamos la frontera por el Portalet pero antes, queríamos hacer la ruta hasta el ibón de Anayet.

Desayunamos algo en la plaza del pueblo y enseguida nos pusimos en marcha en dirección a Formigal que es desde donde empieza la ruta. Hay que coger la carretera A-136, pasar la estación de esquí y llegar hasta un pequeño aparcamiento a mano izquierda. Aquí hay una puerta que impide el paso de vehículos y es donde empezamos.

Bajamos del coche y la bofetada de aire frío fue tremenda, tanto que incluso había gente que no iba para nada preparada, que se estaban dando la vuelta.

Por suerte, nosotros llevábamos ropa para todas las estaciones y nos pusimos sudadera, chaqueta de goretex e incluso gorro, la temperatura exterior era de apenas 10 grados pero lo peor era el intenso viento gélido que no paraba de soplar y que hacia que la sensación térmica fuera muchísimo más baja. De hecho estuvimos planteándonos la posibilidad de caminar un rato y después volvernos.

formigalLa ruta comienza junto a la carretera, un lugar bastante feo y con tráfico incesante, después hay que recorrer una carretera privada de la estación durante más de 1 km hasta llegar al verdadero inicio de la senda.

Esto no tendría mayor inconveniente que el de caminar por un camino asfaltado en plena naturaleza si no fuera porque hay que tener bastante cuidado con los coches de los trabajadores de la estación que circulan a toda velocidad arriba y abajo y que casi no tienen consideración por la gente que pasea. Fue algo que realmente nos cabreó, y mucho, ya que nos hacía estar deseando llegar al final del camino cuanto antes.

vacas del pirineoLo bueno es que las vistas no estaban nada mal y encontramos también muchos animales pastando felices tumbados en la hierba; las vistas de las montañas a nuestro alrededor eran espectaculares, picos completamente estrambóticos alzándose firmes y formando multitud de formas caprichosas mientras peinaban las nubes que les atravesaban. La verdad es que los días soleados son geniales para visitar los sitios pero, los días como este en la naturaleza cobran una magia espectral que los hace únicos.

Mientras nos acercábamos al final de la carretera veíamos como un helicóptero no paraba de trasladarse de detrás de una pequeña montaña a la estación para cargar agua y vuelta a empezar; al principio pensamos que se trataba de un incendio o algo similar pero, con el frío que hacía, costaba de imaginar. Conforme nos fuimos acercando vimos, que en realidad, lo que hacía era transportar hormigón y que estaban reparando algo en la ladera de la montaña.

estacion de esqui anayetUna vez llegamos a la propia estación de esquí, empieza la ruta de verdad. Nos desviamos hacia nuestra derecha por el barranco de las Culivillas a través de un pequeño sendero y empezamos nuestra ascensión hacia el ibón, el sendero transcurre paralelo a lo que visiblemente parece una pista de esquí.

senderismo anayetEl paisaje no puede ser más espectacular, a nuestra izquierda vemos como el pico Culivillas y el Arroyetas se alzan solemnes a más de 2300 metros de altitud, dos picos accidentados que parecen del todo inalcanzables.  El barranco hace que vayamos ascendiendo sin pausa dejando cada vez más abajo el pequeño arroyo que nos acompañaba y dejando un paisaje de inmensidad a nuestras espaldas donde Formigal, cada vez se veía más insignificante. Las rocosas crestas al fondo nos recuerdan que tan solo nos encontramos en un lugar más del gran Pirineo, que más allá y en ambas direcciones la cordillera se extiende hacia los dos mares creando un océano de montañas que parece que no tiene fin.

estacion de esqui de formigal veranoPoco a poco, el recorrido se va haciendo más duro y la inclinación se va notando, viramos a nuestra derecha y nos encaramamos por la ladera que nos llevará a los llanos de Anayet. Nos encontramos en la parte más compleja de todo el recorrido, a partir de aquí el desnivel ya es más que considerable y tan solo irá a peor. Lo mejor es tomárselo con calma y hacer las paradas que uno crea convenientes.

pico de culivillasEl tiempo no parece mejorar y en mi interior estoy sufriendo un poco recordando la tormenta que nos sorprendió en Canfranc. Miro a derecha e izquierda y no veo ningún lugar para resguardarnos si empezará a caer granizo o si cayera algún rayo, nos cogería en campo abierto donde somos auténticos blancos en esta ladera de la montaña.

pirineo aragonesLo peor de todo… tampoco vemos a nadie caminando, ¿será que han mirado el tiempo y porque amenazaba tormenta han decidido no salir? Hemos hecho decenas de excursiones con un tiempo parecido pero, en verano, y sobre todo este en particular, las tormentas están siendo más que habituales y además acompañadas de truenos y granizo. Por suerte, no tardamos mucho en ver a otro ser humano, un grupo de tres o cuatro personas bajan penosamente deslizándose entre los riscos y haciendo que los malos pensamientos se diluyan.

senderismo formigalEl último tramo, los últimos 200 ó 300 metros son, con diferencia, los peores. El sendero casi ha desaparecido y es más una pedrera llena de rocas sueltas, charcos de barro y hierba marchita que un camino en sí. Además la pendiente empieza a  crecer de manera increíble haciendo que se disparen las pulsaciones. A cada paso echas la vista arriba y parece que ya hayas llegado, avanzas un poco más y te das cuenta que tan solo es una ilusión. Menos mal que ese día no hacía nada de calor, no quiero ni imaginar esta ruta a 30 grados y sin ninguna sombra.

subida a anayetLlegó un momento que Lorena, la pobre, no daba más de sí y decidí adelantarme para ver cuanto quedaba. Tenía la idea de subir y bajar rápido y al menos poder ver el ibón con mis propios ojos. Me escapé y comencé a remontar la montaña con increíble esfuerzo y parecía que nunca terminaba hasta que de repente, y tras unas últimas ascensiones bastante duras, llegue a una zona como de pastos donde volvía a suavizarse la pendiente. Aparecieron una serie de pequeñas colinas de hierba entre una densa niebla que no dejaban que pudiera ver más allá de 8 o 9 metros, y del ibón, ni rastro.

ibon de anayet con nieblaAceleré el paso y me subí por una de las colinas y entoncés fue cuándo por fin lo vi. Apenas si se veía la orilla, como para ver el pico Anayet o el Midi d’Ossau. El día no acompañaba y era imposible ver nada más allá de unos pocos metros. Volví sobre mis pasos y me fui a buscar a Lorena, no merecía la pena que siguiera subiendo más, no se podía ver nada.

Retrocedí atrás por los llanos y entonces la vi aparecer de nuevo entre las rocas, había conseguido subir y tampoco había tardado tanto. Cuándo vio que las cuestas habían terminado le entró de nuevo el subidón y se animó a acercarse hasta el lago aunque no se viera nada.

Arriba si que empezamos a ver a bastante gente, para el día que hacía, todos paseaban junto a la orilla bordeando el lago y tratando de ver algo entre el tupido velo blanco que asolaba todos los llanos de Anayet. Una verdadera lástima la verdad. Es uno de los ibones más bonitos de todo el Pirineo, un gran lago junto a un icónico pico que es de los más fotografiados. Ese día no pudimos verlo, se resistía a aparecer bajo el denso manto de nubes.

picos culivillas y arroyetasFinalmente tuvimos que dar media vuelta y regresar al aparcamiento. Una vez montados en la furgoneta estábamos listos para partir, dejábamos nuestra amada patria atrás y comenzaba el verdadero viaje. 16 días nos quedaban por delante y un montón de lugares increíbles por visitar, pero de eso ya hablaremos más adelante, no ha terminado el día y aún quedan cosas por ver.

De todas las posibilidades que existen para cruzar la frontera con Francia hay dos que son especialmente hermosas; una ya la hicimos el Otoño pasado, en la mágica Navarra junto al dólmen de Soraluze y la mítica cueva de Arpea. Otro paso fronterizo que nos dejó completamente fascinados fue el del Portalet, no hay ningún otro igual. El paso se hace desde Formigal, ascendemos hasta los 2000 metros de altitud franqueando un paisaje auténtico pirenáico y descendemos por la cara norte entre montañas intimidadoras.

buitres de portaletTeníamos mal recuerdo del Pirineo francés, no esperábamos demasiado para ser francos. Las veces que habíamos cruzado la frontera por el Valle de Arán nos había decepcionado bastante, parecía como si lo bueno se hubiera quedado en casa. Pero esto era distinto, este es el puerto de montaña del Portalet y el Valle del Midi d’Ossau, un valle y una montaña inspiradora. Un icono entre todas las montañas, una montaña que te invita a soñar con grandes proezas e historias de superación.

buitres comiendo pirineoLo que encontramos al otro lado fue la naturaleza desbocada, la vida y la muerte, la naturaleza mas cruel y la que los hombres ya no entendemos. Los buitres haciendo claro honor a su nombre, en bandadas de decenas o más, desafiantes en los riscos, observando al ganado y esperando pacientemente su momento… mientras tanto otros junto al río se daban el banquete, habían conseguido hacerse con su presa y se regocijaban del festín. Otros mientras tanto revoloteaban junto a las vacas que se han alejado del grupo, el perro guardián, un gran mastín pirenaico ojo avizor se percata y los trata de ahuyentar enfurecido. Mientras tanto, nosotros perplejos ante la naturaleza más salvaje, aquí, en este enclave que escapa al dominio de los hombres.

La tarde caía y había que buscar refugio para pasar la noche, al día siguiente la aventura continuaba en tierras galas en el valle del Midi d’Ossau.

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