Ruta de las ermitas de Tella y dólmen de Vasar, un balcón al Pirineo. Aragon / España / Raíces perdidas / Rutas / Valle de Ordesa y Sobrarbe

La ruta de las ermitas de Tella es el tipo de ruta que nos encanta, una ruta por la España Mágica. Una ruta por esa parte ancestral de nuestra historia que ya no alcanzamos a comprender. 

Imagino como serían por aquel entonces, hombres vestidos como animales, hombres en comunión con la naturaleza… caminando entre los glaciares pirenaicos en busca de un lugar donde poder asentarse. En grupos muy reducidos atravesarían valles y collados, cruzarían ríos y escalarían los gigantescos macizos del Pirineo enfrentándose a cientos de peligros. Hasta que un día algo les atrajo hasta las faldas de este enorme cerro de roca fría y afilada como cuchillas.

El chamán de la tribu en un estado de delirio gritaba y saltaba señalando a lo alto del promontorio del que no se veía ni la cumbre. Sabía, en su estado alterado de conciencia, que ese lugar era el indicado, un lugar sagrado de la Madre Tierra que les daría cobijo. Al llegar arriba, la gran recompensa, el paraíso en la tierra, habían encontrado su hogar. Los antiguos dioses merecían una ofrenda, había que dar gracias por guiarles y en su honor construir un templo. Los sacrificios no se hicieron esperar en su adoración entre cánticos y bailes olvidados para siempre mientras la sangre resbalaba por la roca del dolmen de Tella. Es la Piedra de Vasar.

otoño en el pirineo aragonesEl Pirineo es la tierra de las leyendas por excelencia, una tierra donde el hombre vivía atemorizado por las historias que se contaban sobre extrañas criaturas de la noche que caminaban por los frondosos bosques, historias de brujería en las noches de luna llena e historias de dioses vengativos que vivían sobre los macizos helados de las montañas más escarpadas del mundo conocido.

Tella es la herencia de esta tradición, una tradición que a pesar de los esfuerzos por acabar con ella sigue latente en cada piedra, en cada árbol y en cada corazón de las buenas gentes de este hermoso valle. Un antiguo refrán decía ‘’Tella. Dios nos guarde de ella’’, Tella fue en su tiempo el centro del ocultismo de toda la región donde la brujería, los aquelarres e invocaciones al maligno eran una constante. Para tratar de alejar a las sombras se construyeron las tres iglesias formando un anillo protector, aunque se cree que en tiempos llegó a contar hasta con siete iglesias.

casas de tellaNuestro paso por Tella se incluye dentro de nuestra crónica del viaje a Benasque del puente de Diciembre, Benasque es nuestra amada tierra adoptiva la cual visitamos todos los años un par de veces. Pero esta vez queríamos explorar más allá, decidimos que aunque nos pasáramos el día en la carretera, sin duda, merecería la pena. Una de las múltiples escapadas que hicimos fue a conocer la Ruta de las Ermitas de Tella en el valle de Escuaín. Cuando empezamos a buscar información de la ruta prometía bastante por las fotografías pero, no podíamos ni imaginar que realmente nos encontraríamos antes una de las rutas más increíbles que habíamos hecho hasta el momento.

Para llegar hasta la aldea de Tella hay que dirigirse hacia Bielsa por la carretera A-138 desde la Villa de Aínsa y desviarnos hacia nuestra izquierda a unos 20 km aproximadamente por una carretera estrecha, está todo perfectamente indicado así que es prácticamente imposible perderse. Desde el cruce la carretera asciende sin tregua con muchísimas curvas cerradas, mucho cuidado en invierno ya que se forman grandes placas de hielo, hasta que por fin llegamos arriba del todo donde encontramos la pequeña aldea situada a 1380 metros sobre el nivel del mar. Hay un montón de sitio para aparcar y desde ahí comienza la ruta.

Ya desde el primer momento nos dimos cuenta de que realmente la ruta prometía y, vaya si estábamos en lo cierto. La ruta parte de la calle de la Iglesia por el casco urbano, se trata de una ruta circular de unos 2,5 km que se puede hacer en cualquiera de los sentidos pero que recomendamos hacer en sentido antihorario.

iglesia de san martin de tellaNos ponemos en marcha con un día espléndido aunque frío, atravesamos la calle principal junto a las casas de piedra y losa de los tejados dentro todo de una auténtica armonía con el paisaje que le rodea. No hace falta ser un gran observador para darse cuenta de la gran superstición, todas las chimeneas de las casas cuentan con espantabrujas y las herraduras y adornos cuelgan de las puertas y ventanas de las casas. La panorámica del valle a nuestro alrededor es realmente sobrecogedora, ante nosotros, los gigantes de piedra cubiertos por la nieve son imponentes.

iglesia de san martin de tella nevadoLa primera iglesia de la ruta es la de San Martín. Se trata de una iglesia de estilo románico típica del Pirineo aragonés realizada en mampostería que data del siglo XVI. Es la iglesia principal de la aldea y también la más moderna. Aunque el pueblo es realmente pequeño tiene tanta historia concentrada que para conocerlo a fondo hace falta más de un día.

En la zona se han encontrado restos arqueológicos y humanos de la Edad de Bronce y uno de los grandes hallazgos, la cueva del oso cavernario. Se trata de un yacimiento de 30.000 años de antigüedad situado a más de 1600 metros de altitud, la cueva más alta de Europa Occidental. El Oso cavernario es un especie extinta hace más de 20.000 años tras la última glaciación. Se han encontrado más de 4000 huesos pertenecientes a más de 36 osos distintos que habitaban en la zona, unos osos que superaban en tamaño y embergadura al actual oso pardo. Durante la Edad Media, se creía en toda Europa, que estos restos pertenecían a dragones. En el pueblo hay un museo y para visitar la cueva deberéis ir acompañados de guías designados por el ayuntamiento. Podéis encontrar más información en la web. 

Seguimos caminando y enseguida nos salimos del pueblo para llegar a una zona más alta desde donde tenemos otra gran panorámica de la zona oriental del valle. Desde aquí vemos como se alzan majestuosos los macizos pirenaicos, aunque este año las nieves se han retrasado, vemos como están completamente cubiertas de un manto blanco. La situación de las casas de Tella no es por capricho, se encuentran al abrigo de la montaña para protegerse así de los fríos vientos del Norte.

La ruta está perfectamente delimitada y va rodeando una gran peña conocida como el Puntal de San Pablo o Peña Cazcarra.

tella y montañas nevadasPasamos rapidamente de encontrarnos en una zona de praderas con pocos árboles a introducirnos de lleno en un frondoso bosque de boj, robles y pinos. Aquí nos encontramos en una zona totalmente sombría y la temperatura cae en picado. Aceleramos la marcha para atravesarlo rápido siguiendo el sendero que serpentea entre los árboles. Imagino que durante los calurosos días de verano caminar por aquí debe ser realmente reconfortante.

bosque de tellaDurante unos minutos la magia del bosque nos atrapa, no logramos ver nada más allá de la frondosidad de las ramas y los rayos del sol nos llegan completamente difuminados tan solo iluminando de manera muy tenue el camino. Imagino a nuestros ancestros caminando por aquí completamente atemorizados sin perder de vista a los niños, en cualquier momento las sombras podrían caer sobre ellos y secuestrar a sus hijos para llevárselos a las brujas.

sendero por el bosqueAl cabo de unos metros vemos como el bosque vuelve a abrirse y al final del camino vemos como brilla el sol, señal inequívoca de que estamos saliendo del bosque. De pronto como si a un balcón nos asomásemos, nos encontramos ante nosotros una de las mejores vistas que jamás hayamos contemplado. Es un balcón a la inmensidad, un balcón a lo salvaje, un balcón al Pirineo. Ante nuestra incredulidad se alza majestuosa una peña en delicado equilibrio junto al borde del acantilado, como si de una enorme torre vigía se tratara, con unas vistas privilegiadas de otro de los gigantes del Pirineo, el Monte Perdido. Se trata del Puntal de las Brujas, un enorme risco puntiagudo y agreste frente a la inmensidad del vacío, a sus pies la ermita románica de San Juan y San Pablo.

El Puntal de las Brujas… fue en la antigüedad, y quizás hasta no hace mucho tiempo, este lugar era utilizado por las nigrománticas para sus aquelarres a la luz de la Luna llena. Pero no solo esto, si navegamos hasta el principio de los tiempos, a la época en que los primeros hombres llegaron aquí, este ya era un lugar sagrado. Durante cientos de años, el Puntal de las Brujas fue escenario de los ritos a los antiguos dioses, esos dioses que la Iglesia se encargó de maldecir y a los que denominó paganos, unos dioses ya olvidados que nos unían con la tierra.

puntal de las brujas en tellaLa ermita data del siglo XI y es una de las más antiguas el románico aragonés, sin duda una construcción de gran belleza situada en un enclave excepcional. La ermita está abierta y se puede visitar, siempre que seamos respetuosos, nos encontramos ante una verdadera joya de nuestra herencia. El interior es de estilo visigótico y encontramos varias figuras religiosas. A mano derecha, unas maltrechas escaleras de piedra descienden a un nivel inferior donde encontramos una cripta. Antes de salir, vemos que hay un montón de libretas, las revisamos y están completamente llenas de párrafos y párrafos de gente de todos los lugares del mundo escritas hasta en los márgenes. A penas encontramos un pequeño hueco donde dejar nuestro recuerdo.

Aprovechamos para descansar un poco y de paso juguetear con el dron y así obtener una perspectiva diferente de la zona. Sin duda nos podríamos quedar eternamente en este lugar donde si te descuidas el tiempo vuela. Mientras sobrevuelo el lugar a vista de pájaro veo que la escena es mucho más espectacular y descubro detrás de una colina una nueva construcción que asoma tímidamente. Pero la escena se vuelve asombrosas cuando al alzar un poco más el vuelo aparece una infranqueable muralla de roca y hielo recordándonos el poder de la naturaleza y la simplicidad de nuestra arquitectura, estos gólem de piedra son los guardianes de los valles.

valles del pirineoRetomamos la marcha por el sendero y empezamos a ascender en dirección hacia nuestro siguiente destino, aunque las vistas no son tan impresionantes a ras de suelo, vemos poco a poco como asoma el campanario de la ermita de la Virgen de la Fajanillas. Aunque el invierno está a las puertas, el bosque sigue estampado en cobrizos colores otoñales signo inequívoco de que el frío aún no ha acabado de llegar. Es una subida muy corta y con un desnivel que no ofrece ningún desafío salvo el de resbalar por el hielo entre las piedras.

Remontamos el collado hasta llegar a los pies de la ermita Virgen de las Fajanillas, una sencilla ermita con una torre-campanario con dos pequeñas ventanas que parecen ojos que escudriñan el horizonte. Pero no nos detenemos aún aquí, a nuestra espalda y sobre un cerro se encuentra otra de las ermitas de esta fascinante ruta que queremos visitar primero. Subimos por unos escalones convenientemente tallados en la roca hasta llegar al nido de águilas.

ermita virgen de las fajanillas tellaAl llegar a lo alto del cerro, junto a la ermita de la Virgen de la Peña, levantamos la vista al cielo azul y ahí estaban. Volando en círculos, planeando a pocos metros de nuestras cabezas, ojo avizor buscando su próxima presa. Decenas de Águilas reales y algún que otro quebrantahuesos colmaban el cielo. Y ahí nos encontrábamos nosotros, perplejos, no podíamos ni creerlo. Nos encontrábamos en el gran balcón de la ruta, las vistas desde aquí quitaban en hipo dando una sensación de vértigo a medida que te asomabas a los cortados.

Con indecisión nos fuimos acercando poco a poco hasta lo alto del despeñadero. Era bastante inquietante caminar por el borde del abismo con semejante bandada de aves rapaces sobre nosotros, con que una se descolgara del resto y pasara lo suficientemente cerca podría asustarnos y hacernos caer. Pero ellas seguían en su vuelo, en un baile armonioso completamente indiferente a nuestra presencia.

vista aerea de tellaEs una de las mejores rutas que hemos hecho nunca, es increíble como se pueden concentrar tal cantidad de sensaciones en un lugar tan pequeño, quizás el Pirineo no sea la mayor cordillera de Europa, quizás no sea la más alta, pero tiene una magia especial que no tiene ninguna otra. De Este a Oeste, del Mediterráneo al Cantábrico; esta extensa cadena montañosa, frontera natural entre Francia y España, alberga algunos de los lugares más hermosos de la Tierra.

A nuestro alrededor todo goza de una gran belleza, da igual donde echéis la vista, la panorámica a 360 grados es inigualable. Al frente el profundo cañón del Añisclo y más adelante una extensa alfombra boscosa hasta la histórica Villa de Aínsa, el Monte Perdido, el valle de Ordesa, y al fondo el macizo de la Madaleta. A nuestro pies, la ermita de la Virgen de las Fajanillas y ya en nuestro punto de partida la aldea de Tella con sus casas amontonadas detrás de la Peña Cazcarra huyendo de los gélidos vientos del Norte.

ermita virgen de la peña tellaJunto a nosotros la humilde ermita de la Virgen de la Peña con su maltrecho tejado de piedras apiladas y unas paredes de mampostería que al menos alguien reconstruyó no hace mucho, en su sencillez está su grandeza. El lugar donde se sitúa la convierte en catedral, ¿porqué se eligió este lugar? ¿Qué había aquí anteriormente? Sin duda, mucho antes de la aparición del cristianismo en Iberia, las antiguas religiones ya eligieron este lugar como altar sagrado.

Retomamos nuestro camino de regreso hacia la última de las ermitas, no sin antes haber dejado escrita nuestra oración en esta ermita y que repetiríamos en la siguiente como si ya de un ritual se tratara. Una pequeña entrada en ruinas nos recibe, por suerte esta también  está abierta esperando al peregrino pero al campanario no se puede acceder.

torre campanario de la ermita de la virgen de las fajanillasDe nuevo otro regalo para la vista, las imágenes del día se van acumulando en nuestra retina, imposible de acordarse de los detalles pero grabados en nuestro subconsciente para siempre. Que espectacular se ve todo con los colores del Otoño y las montañas teñidas de blanco, el contraste de colores cobrizos con el verde de la hierba y el blanco de las montañas es sencillamente espectacular.

tella a vista de dronContinuamos por el sendero y llegamos hasta la principal calle del pueblo, no hay nadie, de repente nos damos cuenta de que hemos caminado durante las más de dos horas que llevamos en Tella que estamos solos. No podemos pedir nada más. En una de las casas del pueblo vemos un letrero que indica ”La Casa de la Bruja”. Un pequeño museo que sirve como centro de interpretación de las culturas tradicionales de la montaña y a la etnobotánica. Aunque no pudimos entrar, estaba cerrado, el interior es como la cocina de la cabaña de una bruja con su caldero en cocción. El tema principal trata sobre los beneficios de las plantas para el hombre como método de curación.

casa de la bruja de tellaSeguimos nuestro camino y retomamos una calle cuesta arriba hacia el inicio de nuestra ruta, aquí empezamos a ver algo de gente, pero apenas eran un par de familias. Al final de la calle vemos de nuevo como se alza el campanario de la Iglesia de San Martín, la única de todas las ermitas de la ruta que se encuentra cerrada. Podéis pensar que aquí acaba todo, que esta increíble ruta de la España Mágica, digna ruta insignia de nuestra categoría de Raíces Perdidas, no puede sorprendernos con nada más. Bien, pues no podéis estar más equivocados, antes de bajar del cerro sobre las nubes donde se encuentra Tella queda la visita a la cultura más milenaria. El altar neolítico de la Piedra Vasar, el conocido dolmen de Tella.  

calles de tellaPara llegar hasta aquí debéis tomar la carretera de regreso al valle y apenas a 500 metros veréis una indicación con un sendero. Está muy cerca de la carretera, unos 300 metros. El dolmen se encontró en una excavación de los años 50 y está formado por paredes de roca caliza con una gran cámara en su interior; pese a la primera impresión, el dolmen es realmente grande.

Un hombre que había ahí comentó que le sirvió de refugio junto a otras cinco personas en un día de tormenta. Se encuentra sobre una gran planicie y está orientado al sureste. Es la herencia del neolítico.

Después de pasar gran parte del día recorriendo una de las mejores rutas que hemos hecho nunca, quedamos completamente enamorados, aún contábamos con un par de horas de luz así que decidimos bajar a toda prisa en dirección a la Villa de Aínsa y desde ahí poner rumbo a uno de los pueblos abandonados de nuestra geografía más conocidos, Jánovas.

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